De lo analógico a la IA: la adaptación no es opcional

Pertenezco a la Generación X. Y si algo nos marcó, no fue una tecnología puntual: fue haber vivido la transición completa. De lo analógico a lo digital. Del “esperar” al “todo ya”. Del mundo estable a un mundo que cambia de reglas todo el tiempo.

Crecimos con vinilos y cassettes, vimos llegar el CD, el MP3 y el streaming. Pasamos de la agenda en papel al calendario en la nube. Del teléfono fijo a WhatsApp. De “buscar en una enciclopedia” a preguntar en segundos a una inteligencia artificial. Y lo más interesante es que no fue solo comodidad: fue una gimnasia mental permanente. Adaptarse, aprender, desaprender, volver a empezar.

Y ahí aparece una idea que hoy me parece clave, no solo para la salud o la odontología, sino para cualquier profesión: vivimos en una era con más respuestas que criterio.

La tecnología puede darte soluciones rápidas. Pero la vida profesional no se construye con atajos. Se construye con proceso, método, coherencia, práctica y responsabilidad. En otras palabras: con algo que no se descarga.

En estos años vi algo repetirse (en distintas edades, no solo en los más jóvenes): la tentación de la salida fácil. El “pasame el truco”, “decime qué funciona”, “dame el guion”, “necesito resultados ya”. Como si crecer fuera una cuestión de copiar y pegar. Y como si el compromiso, la paciencia y la mejora continua fueran opcionales.

No lo son.

Los cambios llegan igual. Cambios tecnológicos, económicos, culturales, de hábitos, de expectativas. Y algo que aprendí con los años es que todos estamos en algún momento de un ciclo profesional: inicio, crecimiento, meseta, transición, reinvención. Nadie queda afuera. A veces ese ciclo lo elegimos. Muchas veces nos lo impone la vida.

Por eso, el punto no es si el cambio viene. El cambio viene. La pregunta real es otra: ¿qué postura tomamos frente a lo inevitable?
¿Nos volvemos protagonistas —aprendemos, ajustamos, lideramos, pedimos ayuda si hace falta— o nos quedamos en el modo queja, mirando para otro lado, esperando que “esto pase” y que el mundo se acomode solo?

Y acá hay una verdad incómoda: cuando uno elige no decidir, igual decide. Decide sostener la inercia. Decide seguir igual. Decide postergar. Y en un contexto que cambia tan rápido, la inercia no es neutral: te deja atrás.

Ahí es donde creo que la Generación X tiene una ventaja: aprendimos a adaptarnos porque no había alternativa. Y en países como Argentina, esa adaptación fue todavía más intensa. Pero esa misma ventaja puede volverse un riesgo: seguir corriendo, resolviendo, apagando incendios… sin frenar a mirar el tablero.

Por eso, cada tanto, hay que hacer algo que parece simple pero casi nadie hace en serio:

“Frenar para crecer: un diagnóstico profesional en tiempos de cambio”.

No desde la culpa, sino desde la honestidad:

  • ¿En qué nivel estoy hoy como profesional?
  • ¿Mi proyecto (consultorio, clínica, emprendimiento, equipo) depende demasiado de mí?
  • ¿Qué parte de mi trabajo está “actualizada” y qué parte quedó vieja?
  • ¿Estoy creciendo con estructura o solo con esfuerzo?
  • ¿Mi equipo entiende el rumbo o solo cumple tareas?
  • ¿Estoy acompañando los cambios… o los estoy padeciendo?

Porque adaptarse no es comprar herramientas nuevas.
Adaptarse es desarrollar criterio nuevo.
Y eso implica revisar procesos, comunicación, roles, cultura interna y forma de liderar.

Y acá aparece otro punto: hoy nadie crece solo. No alcanza con “yo me actualizo”. Si liderás un equipo, el desafío es doble: cómo acompañás esos cambios con tu gente, sin quemarlos, sin desordenar todo, y sin perder la esencia del servicio.

La tecnología puede acelerar, sí. Pero si no hay base, acelera el caos.
Si no hay dirección, acelera la dispersión.
Si no hay método, acelera el agotamiento.

Yo sigo creyendo en algo muy “Generación X”: el valor de construir. Paso a paso. Con disciplina, con aprendizaje real y con una mirada responsable. No para negar lo nuevo, sino para usarlo bien. Para que los cambios no nos manejen… sino que nos encuentren preparados.

Tal vez ese sea el verdadero desafío de esta época: con tanta velocidad, recuperar una capacidad que parece antigua pero hoy es más necesaria que nunca: pensar antes de correr.

¿Te pasa también esa sensación de que el mundo cambia más rápido que los procesos internos?

Si querés hacer ese diagnóstico profesional o de tu clínica y transformarlo en un plan de acción concreto, puedo ayudarte.
Acompaño a profesionales y clínicas a realizar un diagnóstico integral para detectar oportunidades, puntos ciegos y prioridades de mejora.

📩 Si te interesa, escribime por DM y lo conversamos.

Cristian

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