¿Sos una persona empática?

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La empatía es clave en nuestra relación con los pacientes. Todos nos consideramos empáticos aunque a la hora de la verdad no lo seamos. Ponerse en el lugar de los otros, ser sensibles a los sentimientos de tristeza, de alegría o de dolor no es tan sencillo ni tan intuitivo como solemos creer. De hecho, a menudo la confundimos con la simpatía o la compasión. Sin embargo, la empatía es algo diferente, y constituye una de las herramientas sociales más potentes del ser humano.

Pero, ¿qué es exactamente la empatía? Es la capacidad de entender lo que piensa, lo que siente o lo que le pasa a otra persona. Tampoco consiste exactamente en ponerse “en los zapatos del otro”, ya que no todos tenemos el mismo número de pie ni utilizamos el mismo calzado, por seguir con la metáfora. Cuando nos relacionamos con alguien, nosotros nos aproximamos con nuestra propia experiencia y vivencias, por lo que ponernos exactamente en la piel del otro es algo casi imposible; además, abarca tantas cosas que en realidad, como veremos, tampoco estaríamos siendo verdaderamente empáticos.

Por tanto es importante conocer las diferencias entre lo que es y lo que no es empatía, porque de otro modo podemos acabar haciendo cosas raras sin ser empáticos, que es lo que buscamos en realidad.

La compasión, por ejemplo, es uno de los sentimientos que a veces confundimos con la empatía. Compasión supone sentir con el otro y atiende solamente a una dimensión de la empatía, que es la emocional. Esto ciertamente ayuda, porque acompañas al otro cuando se siente solo, pero no está cumpliendo la función social de intercambio y reciprocidad que tiene la empatía.

Otro de esos sentimientos es la simpatía: cuando simpatizas con alguien, o con una idea, en definitiva significa que estás de acuerdo con ella, hay un componente de aprobación en lo que estás diciéndole. Para ser empático, por el contrario, no hace falta que le apoyes ni que le des la razón, simplemente que le entiendas, aunque no estés de acuerdo. En ese sentido, puedes empatizar con cualquiera, incluso con personas que no te resulten agradables, puesto que se trata de comprenderlas sin salir de tu propia posición. Sin embargo, es evidente que no puedes simpatizar con todo el mundo.

La empatía se empieza a desarrollar desde el vientre materno, no en vano es el único momento de la vida en el que realmente estamos “en la piel del otro”. Ahí es donde, con esa reciprocidad e intercambio entre madre e hijo, se inicia la empatía. Cuando nacemos, cuanto mayor sea esa reciprocidad, es decir, más interacciones, contacto entre el niño y la madre –también con el padre, pero sobre todo con la madre, para prolongar el vínculo–, ahí se está entrenando la empatía. Precisamente muchos estudios revelan que los niños que han recibido malos tratos o que no han contado con el suficiente contacto o “calor humano” tienen más posibilidades de ser maltratadores a su vez, ya que no han desarrollado esa capacidad de entender cómo se siente otra persona.

Así pues, la empatía no es solo una cuestión emocional; de hecho, es más racional que emocional, porque parte del entendimiento del otro. Evidentemente tiene una dimensión emocional, porque de alguna manera cuando entiendes al otro te contagia sus emociones, pero el componente racional es más importante. Por eso los consejos para desarrollar la empatía se dirigen más a nuestra racionalidad.

Empatizar tiene que ver con entender y para eso solo hace falta voluntad. Por este motivo, alguien que no es empático, aunque sea adulto, puede entrenarse para desarrollarla.

Fuente:https://martaromo.wordpress.com/2017/01/30/eres-una-persona-empatica/

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